“No hay dos escritores que estén contestes en la apreciación de las fuerzas con que contaba Belgrano en la batalla de 1812”, escribe el historiador Julio P. Ávila en su documentada obra de 1920, “La ciudad arribeña”. Expresa que, para precisar las cifras, revisó los comprobantes de Contaduría del Archivo de Tucumán, “en los cuales consta el dinero dado a los oficiales y soldados el día 19 de setiembre”, consignando el número de estos.

De acuerdo a la pesquisa de Ávila, el Cuerpo de Cazadores (cuyo jefe era Carlos Forest), tenía 227 hombres; el Escuadrón de Húsares (jefe, José Bernaldes Polledo), 123; el Cuerpo de Artillería (jefe, Benito Martínez), 112; los Pardos y Morenos (jefe, José Superí), 241; el Regimiento de Infantería número 6 (jefe, Ignacio Warnes), tenía 574 y los Dragones Ligeros (jefe, Diego Balcarce), 177. O sea un total de 1.454 hombres de tropa.

Debían agregarse a esa suma, unos 130 reclutas –que fueron auxiliados “con 1 peso cada uno”- a razón de 2 de Artillería, 69 de Pardos y Morenos y 59 de Infantería, estos últimos procedentes de Salta. Entonces, sin contar jefes y oficiales, la cifra llegaba a 1.584 soldados.

En cuanto al resto, dice Ávila, “eran campesinos que concurrieron a la batalla con sus propios caballos y con su habitual indumentaria: grandes sombreros, ponchos de variados colores, lazos atados al recado; muchísimos con coletos y guardamontes, armados de cuchillos, boleadoras, lanzas y chuzas”. Era “la milicia que don Bernabé Aráoz y el cura doctor Pedro Miguel Aráoz habían reclutado en la campaña”. Durante “unos diez o doce días”, Balcarce les había dado alguna instrucción militar de combate.